Volver a la portada

Educar sobre las TIC

Quizás éste sea el trabajo más delicado que haremos en nuestra vida, y requiere de un tiempo del que no disponemos a causa del ritmo trepidante de la sociedad en la que vivimos. No es culpa nuestra, pero tampoco de nuestros hijos ni de las TIC. Aun así, debemos poner todos los medios a nuestro alcance para fomentar el correcto crecimiento de nuestros hijos e hijas.

El hogar debería servir para educar y la escuela para formar. Como padres y madres sin tiempo intentamos delegar en la escuela nuestra responsabilidad, pero esa opción pocas veces funciona. Si tenemos mucha suerte, nuestros hijos y nuestras hijas se toparán con docentes abnegados que harán su trabajo y el nuestro, pero no tenemos que desviar la responsabilidad; se trata al fin y al cabo de la nuestra. Y somos los primeros interesados en que se desarrollen correctamente, por supuesto.

De esta forma, no es suficiente con que nuestros hijos tengan un buen rendimiento académico. La educación no termina en ningún momento de la vida ni es algo que se ciña únicamente a los centros de enseñanza. Es obra de toda la sociedad, empezando por los padres y las madres, y acabando en los medios de comunicación, cuya influencia puede ser nefasta si no se analizan sus contenidos de forma crítica.

Aunque nuestros hijos e hijas son ahora adolescentes, no han dejado de necesitar nuestro amor o nuestra experiencia. Nuestra responsabilidad no acabará nunca, y tampoco debe mermar nuestra alegría de ser madres y padres. Por eso nuestra intención no debe ser que nuestros hijos e hijas tengan facilidades tecnológicas, sino que sean personas felices.

Quizás no tengamos todos los conocimientos técnicos que nos gustaría para enseñarles a interactuar con las TIC, pero eso no es lo importante, ya que disponemos de la experiencia y el sentido común que son imprescindibles en el uso de cualquier tecnología.

Las TIC son, de hecho, una ventana a través de la cual nuestros hijos e hijas miran un mundo con efectos tan reales como éste, pero que no se puede tocar.

Algunas personas creen que lo que hacen nuestros hijos en Internet no sirve para nada, porque opinan que lo que no se ve no es real. Pero eso es como decir que no es real el viento que mueve las velas de los barcos o que hace girar los aerogeneradores. Muchas veces las TIC son como el viento, porque no se puede ver, pero sí tiene un efecto real.

No debemos evitar los problemas de nuestros hijos e hijas, sino enseñarles a que se enfrenten a ellos. Y esa enseñanza es independiente de la tecnología. Especialmente ahora que son adolescentes, ellos y ellas van a intentar saber si son capaces de actuar como adultos. Y también van a experimentar como si fuesen adultos, aunque nosotros sepamos que son niños en un cuerpo de mayor recién estrenado. Como madres y padres, hemos trabajado mucho para construir fuertes alas para que nuestros hijos vuelen alto y no se estrellen contra el suelo. No tendría sentido limitarles ahora, privándoles de las TIC. Lo que debemos hacer es apoyarles y acompañarles en ese viaje de descubrimiento del mundo que ahora nos rodea, en gran parte, ayudado por las nuevas tecnologías.

La educación de un hijo o una hija se lleva a cabo con la mezcla equilibrada de diferentes factores que han de estar en la justa medida. El resultado de este equilibrio es la felicidad de nuestras hijas y nuestros hijos en su desarrollo y su futuro. Los ingredientes son los valores ¡que cada vez son más difíciles de encontrar! Así pues, en torno a estos valores debemos aplicar nuestros esfuerzos.