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¿Qué son para ti las TIC?

2. Una herramienta

Estás viendo una parte del pastel, pero no el pastel entero. Es cierto que los ordenadores y las TIC en general (móviles, consolas de videojuegos, etc...) son una herramienta, en la medida en que son útiles para desenvolvernos en la realidad, pero también es cierto que son mucho más que eso.

Una herramienta es algo que no tiene valor en sí mismo, sólo es un medio para un fin. Si no hay un clavo que clavar, un martillo es un artefacto inútil.

Ahora piensa en una bicicleta. En teoría, una bicicleta es una herramienta que te lleva del punto A al punto B, y sólo eso.

¿Sólo eso? ¿Seguro? Por lo pronto, una bicicleta hace el mundo más asequible, ya que te permite ir a sitios a los que antes ni se te habría ocurrido ir, y experimentar sensaciones únicas. Y eso no sólo cambia tu percepción de la realidad, cambia tu realidad entera, la amplifica. De repente, la bicicleta deja de ser sólo un medio y se convierte en una extensión de ti mismo, ya que gracias a ella gozas de mayor libertad de movimientos. Si después de un año yendo en bici a todas partes, te quedaras sin ella, tu mundo empequeñecería y tú perderías calidad de vida.

Ahora imagina que en lugar de una bicicleta hablamos de un fórmula uno ¿a qué velocidad y a cuántos lugares podrías ir en pocas horas?

Ni a la décima parte de los que vas cuando te conectas a Internet. Por eso las TIC son más que una herramienta, mucho más, son un órgano interno de nuestra sociedad, como el riñón o el hígado. No es algo de lo que podamos prescindir, es lo que somos.

3. Un juguete

Así es como ven tus hijos e hijas un ordenador, un móvil, una cámara digital, etc... Para ellos, las TIC son un juguete. Y lo son porque es lo que tienen a mano, es la realidad en la que viven ¿qué habrías hecho tú si en lugar de un yo-yó hubieras tenido una consola de videojuegos llena de experiencias excitantes y profundamente interactivas? no hay color; el yo-yó pierde por goleada.

En todo caso, disponer de juguetes tan estupendos no es motivo para estar todo el día jugando, o para pensar que jugar no entraña peligro alguno. Imagina el siguiente diálogo:

—Mamá, me voy a jugar al fútbol a la vía del tren.
—Muy bien, hijo, que te diviertas.

Nadie hace esto (esperamos); nadie le da permiso a su hijo para ir a jugar a una vía del tren. Y ahí está la clave:

No se trata de prohibir el juego.

Se trata de regular el juego.

Es decir, de lograr la siguiente situación:

—Mamá, me voy a jugar al fútbol a la vía del tren.
—No, a la vía del tren no: a la placita; y vente a las dos que vamos a poner la mesa.

Llevamos haciendo esto toda la vida ¿por qué no lo hacemos también con las TIC?