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Desarrollo psicológico y ético-social por rangos de edad
De 2 a 4 años
Su actitud es egocéntrica: lo justo es lo que ellos quieren y sólo hay una perspectiva, la propia.
Pueden manipular a los mayores y mentir sin tener consciencia de que actúan mal.
Pueden comprender razonamientos superiores a su etapa de desarrollo.
Pueden sentir deseos de ayudar siempre que ello no contravenga sus intereses.
Ya son capaces de elegir con qué juguete jugar o qué prefieren comer. Si se les apoya en sus avances de independencia, se volverán más confiados y seguros de sus capacidades. Si se les critica o controla excesivamente pueden volverse excesivamente dependientes y desarrollar una baja autoestima.
De 5 a 7 años
El apoyo parental es fundamental. Los niños observan los comportamientos de otros para evitar castigos o para obtener recompensas. Entiende las etiquetas de “bueno” y “malo” y las interpreta tanto en función de las consecuencias (premio, castigo o intercambio de favores) como en función del poder y relevancia de quienes enuncian las reglas y etiquetas.
Pueden ver los puntos de vista de los demás, pero sólo el de los adultos es el correcto. El bien o mal de una acción viene determinado por las consecuencias físicas de la acción. Cuando los adultos no están presentes, pueden saltarse las normas, ya que desaparece la posibilidad de castigo.
Comienzan a desarrollar iniciativas, inventan juegos y se abren a la participación grupal. Si se les estimula en todo esto desarrollarán gran seguridad en sí mismos. Si se frustran estas iniciativas con excesivo control, el niño se tornará inseguro.
De 7 a 9 años
Piensa que la acción buena es la que satisface sus necesidades. Las relaciones con los otros se ven en términos de intercambio: existen elementos de igualdad y reciprocidad, pero en términos prácticos, “si tú me das esto, yo te doy lo otro”. Del mismo modo también creen que “hay que hacer al otro lo que él te haga a ti”, lo que puede llevarles a conductas agresivas, físicas o verbales, ya que creen que “el que la hace la paga”.
Suelen hacer muchas comparaciones y exigir un trato igualitario. Los niños a estas edades son muy trabajadores y desarrollan mucho el sentido de orgullo por las tareas realizadas.
De 9 a 11 años
Quieren agradar a los demás, les gusta ser considerados “niños buenos” por las personas que consideran relevantes en su entorno, (fundamentalmente sus padres y profesores, aunque comienzan a considerar relevantes a algunos niños de mayor edad). Asumiendo los papeles de dichas personas, son capaces de tener en consideración las expectativas sociales y las leyes al ser enfrentados a un dilema moral.
El buen comportamiento es el que ayuda y agrada a los demás. El niño busca tener buenas relaciones y la aprobación de otros. La norma básica en esta etapa es: “trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti”.
Perdonan más y son menos exigentes a la hora de juzgar a los demás, consideran la situación del otro al ser capaces de ponerse en su lugar.
Confían en el grupo y son capaces de sentirse integrados y colaborar con la familia, les gustan las relaciones grupales y asumir responsabilidades.
En algunos de estos niños los cambios físicos y/o psicosociales acontecen con más celeridad, por lo que empiezan a aparecer los típicos problemas de relación paterno-filial de la adolescencia. La figura del grupo de iguales surge muy potente con referentes de conducta que compiten con los paternos, la buena relación y la confianza paterna (apoyando su auto-concepto y autoestima) son esenciales para que el niño aprenda a enfrentarse a la presión de grupo.
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