Anexo II: Qué hacer cuando…
Queremos saber si nuestros hijos o hijas tienen adicción a las TIC.
Lo principal es la observación y el buen clima de diálogo, no es necesario espiar ni interrogar taxativamente a nuestros hijos e hijas. Si tenemos buena relación con ellos podemos observar lo que hacen en su cotidianeidad. Para ello es muy útil el cuestionario que proponemos en el apartado numero 2: Los hijos digitales.
Cuando el comportamiento en el día a día de nuestro hijo o hija cambia, hemos de preguntarnos qué ocurre. Si vemos que su desempeño en tareas escolares baja, o que el tiempo que dedicaba antes a otras tareas lo dedica ahora al uso persistente de un nuevo aparato tecnológico, más allá de la “novedad” de los primeros días, esto es señal de que algo está ocurriendo.
Otras señales pueden ser los cambios de humor brusco cuando se les priva del uso objeto deseado (la consola), el aislamiento social y ensimismamiento en la actividad de uso de la TIC en cuestión, apatía y desgana frente a actividades de la vida diaria que nada tengan que ver con su nueva afición desenfrenada, el uso de conductas como la mentira y ocultación o incluso el uso de conductas desafiantes a la autoridad familiar para seguir haciendo el uso indebido del aparato. En casos extremos pueden darse alteraciones en el sueño y la alimentación.
Como norma general, hemos de preocuparnos cuando, para nuestro hijo o nuestra hija, el uso de alguna TIC pasa de ser una actividad más en la vida diaria, como leer, comer, charlar, etc. a convertirse en lo único importante, alterándose totalmente el tiempo que se debería dedicar a otras cuestiones y perjudicando el normal desarrollo del menor.
Nuestros hijos o hijas están demasiado tiempo con las TIC.
Lo ideal es actuar antes de que esto ocurra, lo malo es que, con los ritmos de vida actuales y los horarios laborales que tenemos los adultos, en ocasiones las TIC se convierten en las “niñeras” de nuestros hijos e hijas.
Es preciso pasar más tiempo junto a nuestros hijos, con y sin TIC. El uso de las nuevas tecnologías no es negativo a priori, solo si se realiza de manera inadecuada.
Lo fundamental es establecer unas normas de uso de las TIC y una regulación cuantitativa: “cuánto tiempo” y cualitativa: “para hacer qué durante ese tiempo”. Evidentemente no es tan preocupante que nuestros hijos pasen una o dos horas más utilizando el ordenador para hacer un trabajo escolar, que si utiliza esas dos horas de más solo para “matar marcianos”, o estar obsesionado en mandar SMS con el móvil a amigos del colegio a los que ve todos los días.
Si nuestras hijas e hijos están ante un serio problema de adicción a las TIC, nosotros también lo estaremos. Hemos de sentarnos junto a ellos, hablarles con comprensión y hacerles tomar conciencia del problema. No es necesario ser drásticos, pero sí persistentes, sentarnos con ellos a mediar en sus usos controlados de las TIC: restringir el uso, pero no cortarlo de raíz, porque eso sería tan contraproducente como si para ponernos a dieta dejásemos de comer drásticamente.
Paralelamente hemos de realizar otras actividades de ocio con nuestros hijos e hijas, o plantearles la realización de deportes, aficiones o actividades extraescolares que llenen su tiempo de cosas que también puedan parecerles interesantes.
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