 |
Anexo I: Realidad y ficción
La privacidad en Internet
F: En Internet estamos protegidos porque estamos en casa, y nadie nos ve ni sabe quiénes somos en realidad. Para proteger nuestra identidad basta con ocultar nuestro nombre real y no difundir imágenes personales.
V: El mundo real se diferencia del mundo virtual en que éste último se encuentra situado detrás de una pantalla, lo que nos otorga cierto distanciamiento y, hasta cierto punto, un mayor grado de protección física. Sin embargo, eso no debe hacernos más descuidados a la hora de compartir datos personales que no daríamos a gente que no conocemos en la vida real: edad, lugar de estudio o de trabajo, zonas que se frecuentan, datos sobre nuestros amigos… Tenemos que enseñar a nuestros hijos e hijas a compartir esa información sólo con personas de confianza, ya que no podemos saber de antemano si un desconocido es o no bienintencionado.
F: No es peligroso dar a conocer nuestro e-mail o el número de móvil, porque al fin y al cabo no es nuestra dirección real ni el teléfono que aparece en la guía.
V: El correo electrónico y el móvil, aunque no implica el contacto físico entre personas, no dejan de ser una vía de comunicación directa con nosotros, por lo que debemos cuidarlos como datos confidenciales y gestionarlos de forma responsable. De lo contrario, estaremos facilitando el acceso a desconocidos cuyas intenciones no conocemos, y también a la publicidad no deseada, engañosa (que a veces entraña mucho peligro real si no se identifica) e incluso con contenido inadecuado para los menores.
F: Sólo un experto o un pirata informático será capaz de averiguar información confidencial sobre nosotros.
V: Nuestra actividad y nuestra presencia en Internet deja huellas que, si se unifican, pueden dar mucha más información sobre nosotros de lo que creemos: la ciudad en que vivimos, qué edad tenemos, cuáles son nuestras aficiones, qué páginas visitamos, cuáles son nuestros horarios… Gran parte de esa información la damos sin darnos cuenta en formularios de registro de todo tipo de webs (foros, redes sociales, juegos online…), y además existen herramientas al alcance de cualquier usuario que registran información de carácter técnico (localización, dirección IP, tiempo que pasamos en cada página…). Por lo tanto, cualquier persona con un conocimiento medio de Internet es capaz de recabar toda esa información desperdigada.
F: Es inútil tomar precauciones. Las grandes compañías nos tienen “fichados”, y ya lo saben todo sobre nosotros.
V: La privacidad en Internet es posible si nos lo proponemos. Por eso resulta fundamental educar a los menores en la correcta gestión de su identidad desde que empiezan a conectarse a la red. Una de nuestras propuestas para ellos es la creación de una identidad alternativa para usarla siempre que se les pida algún dato. Por otro lado, tampoco hay que tenerle miedo al uso de las herramientas que hay en Internet con fines comerciales y publicitarios. A las empresas les interesa conocer los perfiles de los usuarios para poder adaptarse mejor al mercado, pero en la mayoría de los casos, para ellos somos poco más que una estadística, no suelen manejar nuestros datos individuales.
Las herramientas de control
F: Instalar un filtro parental garantizará la total protección de nuestros hijos e hijas en Internet.
V: Es aconsejable graduar el acceso a las distintas aplicaciones y contenidos de Internet por parte de los niños y niñas, que irán ganándose una mayor autonomía a cambio de mostrar el grado de responsabilidad necesario. Los filtros parentales son una buena opción para proteger a los más pequeños porque nos aseguramos de que no accedan por error a contenidos inadecuados. Pero no hay ningún filtro infalible 100%, y tampoco podemos mantener a nuestros hijos e hijas aislados para siempre. Su competencia informática irá creciendo al mismo tiempo que lo hacen su curiosidad y sus necesidades, y es más que probable que nuestras barreras sólo sirvan para incentivar su ingenio a la hora de buscar caminos alternativos para acceder a lo que quieren. Su responsabilidad debe crecer al mismo ritmo que su competencia.
F: Podemos conocer la actividad de nuestros hijos e hijas en Internet mirando el historial en el navegador.
V: La única manera de saber lo que hacen nuestros hijos e hijas es manteniendo con ellos una comunicación fluida, no espiándolos. De cualquier otro modo, y si tienen algo que ocultar, se las arreglarán para hacerlo. Ellos saben que pulsando un botón se borra el historial del navegador y pulsando otro botón se borra la caché.
F: Para proteger a nuestros hijos e hijas, tenemos el derecho e incluso la obligación de leer los mensajes que reciben, y controlar así cómo y con quién se comunican.
V: El correo electrónico, al igual que los mensajes SMS del móvil o las llamadas telefónicas, pertenecen al ámbito privado de cada persona. Entrar en ellos sin permiso es violar su intimidad, y puede ser tomado como una ofensa grave con consecuencias muy perjudiciales para la confianza mutua y la comunicación con nuestros hijos e hijas.
|
 |
 |
 |